Esta mañana vi a la tristeza sentarse,
queriendo ser libre
se disfrazó de esperanza
muy pretencioso de su parte,
a mi parecer.
No le vi la cara
no fue necesario
su hablar fue idóneo
para saber que su lamentar,
era pesado.
Acarreaba un latoso cuerpo
sin ganas
o juicio alguno
porque cuando su sentido
lo dejó,
la desdicha llegó
y estrujó cada parte
de su viejo ser.
Longeva y senil figura
perdida en memorias
fingiendo aprobación
a la situación,
consumida por su
nostalgia
encubre su dolor
y es así como su sonrisa
baña
cada rincón.
Buen provecho, Señora Tristeza.
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