Desde hace algún tiempo me he visto en algunas relaciones amorosas, saltando de una a otra, algunas veces corriendo tratando de alcanzar algo y otras veces huyendo tratando de dejar algo. Voy a omitir el tema del amor y voy a resumir algunos hechos que son lo que importan en este caso.
La primera sucedió cuando tenia 17 años, todo era nuevo y algunas situaciones eran confusas, no sabia como dirigirme o como actuar, sin embargo todo lo hacía como lo sentía en el momento, para bien o para mal. Creo que ha sido la única relación honesta que he tenido, en cuanto a sentir se trate. Dos años y medio estuvimos en eso, cuando terminó yo me decía que seguramente había sido mi culpa puesto que el quería mas de mí, y yo ya no daba pero ni un paso mas y es que lo que pasaba era que él me había tratado tan bien, yo era su todo, nunca me habló feo, no me hizo una mala mirada, ni me engañó. Yo no entendía que había pasado.
Segunda relación, a mis 20 años pensaba que ya había aprendido algo de mi relación anterior, y la verdad es que sí, aprendí una o dos cosas y las puse en práctica. Todo se sentía bien al principio pero luego de tres años no pude continuar. No hubo una sola vez que ese hombre me tratara mal. Yo era su princesa, era su tesoro, era esa flor suave y delicada que él cuidaba; nunca me reclamó nada, mis lunas eran sus soles, mis locuras eran sus pasiones.
Tercera relación, 24 años, historia complicada que tardó cinco meses, pero al igual que los otros dos, este galán era un amor, sus dulces palabras no terminaban de empalagarme y sus buenos tratos excedían la razón.
Hace un par de meses que estoy saliendo con alguien. El perfil es completamente lo opuesto a todos los anteriores; no digo que me trate mal, pero me trata como a cualquier persona, sin preferencias al hecho que sea mujer o que sea la persona con la que mantiene algún tipo de relación, obviamente entre los términos razonables a ésta última y siempre manteniendo el respeto. Tampoco me habla con palabras dulces como quien le habla a algún ser que le da ternura, es todo lo contrario, me habla de una manera en que no me siento inferior a él, ni a nadie. No me da todo en bandeja de plata porque sabe que soy capaz de hacerlo por mí misma, es más, su actitud retadora es la que hace quererme superar.
Así que, tratando de descifrar el fracaso de mis relaciones me di cuenta que un factor común ha sido el hecho de que mis novios me trataban muy bien, demasiado bien y eso es bueno, pero para alguien como yo, que no dependo de los buenos tratos de los demás, me sofocaba, y más allá de sofocarme creo que el problema fue que, inconscientemente, me hacían sentir como alguna criatura indefensa, dependiente de su cuidado, incapaz de valerse por sí misma. Ahora lo veo, ser tratada tan delicadamente me hace sentir débil y eso no me gusta.
Una noche platicando con un amigo me dijo “así quieren las mujeres, quieren que las traten mal” lo que me hizo llegar a la conclusión que, no es que nos guste que nos traten mal, solo queremos que nos traten como las mujeres fuertes que somos. Y lo que pasa es que hemos cambiado. Unas cuantas generaciones atrás la cosa era diferente pero ya no somos esos seres inferiores que necesitan de un hombre para valer algo y creo que al tratarnos tan "finamente" nos sentimos amenazadas a lo que ser una mujer significa para nosotras ahora. Hay algo en el reto, en el desafío de mostrar lo capaz que soy, el querer sentirme fuerte que no me deja sucumbir ante los "buenos" tratos de los hombres. Ya se, tal vez estoy loca, o soy rara, o "no soy mujer", pero tengo esta loca idea, la cual definitivamente muchas mujeres estarán en desacuerdo conmigo, pero muchas otras, estoy segura, podrán identificarse con ella.